LA UTILIDAD DEL LIBRO A TRAVÉS DE MONSIVÁIS

LA UTILIDAD DEL LIBRO A TRAVÉS DE MONSIVÁIS

Imagen: Canal 22 México (s/f). Fotografía del escritor Carlos Monsiváis junto a uno de sus felinos.

Para Carlos Monsiváis, adquirir libros en el siglo XXI en Latinoamérica se convirtió inicialmente en un privilegio por sus precios, seguido de la actualización de la tecnología con la globalización, afectando de forma alarmante los procesos de lectura, pues con estos fenómenos se perpetuó el desinterés, aumentando la falta de concentración y de obtención de conocimientos.

La lectura actualmente se presenta como una práctica obsoleta a diferencia del consumo del abundante contenido de la internet (audios, imágenes y videos), sin embargo, en otros contextos “leer” se considera una característica para el refinado, el afortunado y el inteligente, formando para el que no lee una despectiva o pobre imagen de la vida y de sí mismo.

Monsiváis también habla de la importancia de crear un imaginario y del apropiamiento de los contenidos literarios para la vida misma; sensaciones y experiencias que únicamente pueden compartirse por medio de la lectura, pues el impulso por interpretar en la realidad lo que se ha leído, ayuda a proyectar conocimientos, ampliar el lenguaje y el horizonte cultural.

El aumento del nivel cultural y tiempo de ocio del que disponen algunos, han configurado a los lectores de forma selectiva, pues estos ya no se conforman con “leer cualquier título”, debido a la equiparación de la atención, la falta de conocimiento y de accesibilidad a los textos: no les queda más que consumir lo que está a su alcance como los programas de televisión o el contenido inserto en las redes socio-digitales.

Alfonso Reyes escribió: “estamos tejidos en la sustancia de los libros mucho más de lo que a simple vista parece. Aún los rasgos más espontáneos de nuestra conducta y aún nuestras más humildes palabras tienen detrás, sepámoslo o no, una larga tradición literaria que viene empujándonos y gobernándonos”.

En México, desde los años sesenta, la educación se asomaba a intervenir en la lectura el fenómeno de la compactación, la repetición y la memorización, lo que llevó a este proceso a convertirse en una tarea pesada, aburrida y amnésica, pues los estudiantes la daban por hecha si lograban retener “la información más importante” de los contenidos literarios a corto plazo, dejando el disfrute de la actividad de lado, y añadiéndole cierto grado burocrático al acto de “leer entre líneas”, sin motivación, elección y convicción propia.

La idea dominante de que la lectura debe ser obligatoria y por consecuencia retentora en las mentes individuales y colectivas, opaca la esencia del acto personal de la libertad, del libre tránsito, y le convierte en un adoctrinamiento, que lejos de propiciar derechos como el acceso a la educación, imponen rutinas incompetentes convertidas en campañas de alfabetización que lo único que generan es el desinterés de los individuos.

El analfabetismo no es una causa, sino una consecuencia de la mala administración de los gobiernos, sobre todo de los mexicanos que sexenio tras sexenio aseguran y prometen reforzar las carencias en la educación, y, en consecuencia, de la lectura y escritura. Más allá del discurso y de la falta de acceso y conocimiento de la literatura universal, se creé indudablemente que el que no lee, es porque no tiene compromiso, que inicialmente debe estar presente en todas partes; en quienes dirigen, enseñan, sueñan o viven.

Siempre habrá distorsiones, incapacidades, creencias sobre los libros y todo lo que desencadena su utilidad. Se abrirán muchas posibilidades, sin embargo, para el mercado, que también de alguna forma atraviesa las crisis, tendrá que seguir resistiendo en espera que la acción, el hábito o consumo de títulos literarios deje de fragmentar a la sociedad.

Fuente de consulta:

Monsiváis, C. (2004). Elogio (innecesario) de los libros. Lectura para construir nación (págs. 12). Sexto Congreso Nacional de Lectura: Fundalectura.

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